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Hoy somos Recon25 y mil

Hoy somos Recon25 y mil

Y aprovechando esta efemérides, la tercera parte de Cassino estará en breve, pero estamos liados, y mucho, preparando el día de los Museos que celebraremos en el Museo Militar de Almeyda el próximo sábado 17 de Mayo…
Un adelanto? Utah…

USS Indianapoles at Pearl Harbour

El USS Indianapolis fue un crucero pesado de clase Portland perteneciente a la Armada de los Estados Unidos, con numeral identificador CA-35. Fue buque insignia del almirante Raymond Spruance desde 1943 a 1944, pero es famoso porque fue el buque que transportó desde América el material fisionable para ensamblar la primera bomba atómica lanzada luego contra Hiroshima. También es conocido por ser el penúltimo barco estadounidense en ser hundido durante la Segunda Guerra Mundial (el último fue el submarino USS Bullhead) y por el trágico final de muchos de sus náufragos, que quedaron a la deriva, olvidados por la armada norteamericana, sin agua potable y atacados y devorados por tiburones.

Su vínculo atómico

El 16 de julio de 1945, cuando a 85 km de Alamogordo (Nuevo México) se experimentaba la primera prueba (Trinity) de bomba atómica, el crucero USS Indianápolis estaba atracado en los muelles de San Francisco (California). El Indianápolis era el buque insignia de la 5ª Flota Naval de Estados Unidos y se reparaba de los destrozos que le había causado un avión japonés kamikaze, el 31 de marzo de ese año en aguas del Pacífico. Este crucero fue elegido por el solo criterio de estar disponible para un paso crucial del proyecto Manhattan. En efecto, el USS Indianapolis no era el más rápido, ni el mejor armado, adolecía de defectos estructurales tales como tener el centro de gravedad demasiado elevado y una tripulación relativamente novata.

El mismo 16 de julio, el crucero fue rodeado por agentes y policía militar, y misteriosos contenedores de plomo se colocaron en el hangar del buque. Se apostaron guardias en las entradas del hangar con instrucciones expresas de tirar a matar a cualquiera que entrase al hangar sin autorización. Los tripulantes, incluyendo a su Capitán Charles Butler McVay III, desconocían que la carga supersecreta consistía en Uranio-235 y otros componentes y que estaba vinculada al proyecto Manhattan. Charles Butler McVay III estaba al mando del USS Indianápolis desde noviembre de 1944. Tanto McVay como los tripulantes ignoraban que con la misteriosa carga transportada se armarían las dos bombas atómicas que el 6 y 9 de agosto de ese año serían lanzadas sobre blancos seleccionados en Japón. Los disparadores y otros elementos se transportarían por aire.
La misión del capitán McVay y su barco consistía en trasladar la carga a las bases aéreas norteamericanas cerca de Japón (específicamente en Tinian) a la máxima velocidad y sin escolta. No se debían hacer preguntas sobre la naturaleza de la carga y se instruyó a la tripulación de que no se acercaran a la zona de hangar bajo pena de muerte en el acto o consejo de guerra. El capitán McVay fue instruido de que en caso de hundimiento en aguas seguras, la carga era prioritaria sobre la vida de los marinos, y si el siniestro era en aguas hostiles, la carga debía arrojarse por la borda hacia los abismos, antes que cualquier balsa de salvamento.
En sólo diez días el crucero navegó 5.300 millas náuticas al oeste hasta el atolón de Tinian, base de operaciones de los bombarderos Boeing B-29 Superfortress, el Indianápolis rompió un récord de velocidad para ese tipo de navío: solo repostó lo justo y necesario en Pearl Harbor. Allí depositó su mortífera carga el 26 de julio de 1945; sólo estuvo el tiempo necesario para descargar lo transportado. El alto mando no informó por los conductos regulares del mando central de las actividades de esta unidad por motivos de seguridad, por lo que se ignoraba que el crucero USS Indianápolis estuviese en el área de Guam.

Destino final.
Cumplida esta misión, el 29 de julio, el barco se dirigió a Guam, 100 millas al sur. De allí partió el 30 de julio hacia el Golfo de Leyte, en las Filipinas, para unirse al USS Idaho y realizar tareas de entrenamiento previo a la ya concebida invasión de Japón. Al recibir la orden de partida, el Capitán McVay solicitó una escolta naval para el tránsito por aguas tradicionalmente peligrosas. Pero ésta se le negó argumentando que las aguas desde Guam hasta las Filipinas ya estaban limpias de barcos de guerra japoneses.
El USS Indianápolis navegaba en solitario por la ruta señalada en zig zag antisubmarino. Hacia el atardecer del 30 de julio, McVay ordenó abandonar el zig zag para ahorrar tiempo de desplazamiento. Poco después de la medianoche, fue percibido por un submarino japonés de Primera Clase, el I-58 comandado por el capitán Mochitsura Hashimoto, quien esperó que la silueta identificada como un crucero enemigo estuviera a no menos de 600 metros, ya que no quería fallar. Minutos después de la medianoche el crucero recibió dos impactos de torpedo que sorpresivamente le lanzó el submarino I-58 comandado por Mochitsura Hashimoto. El primer torpedo dio a proa y prácticamente desintegró esta sección, y el segundo torpedo dio en los generadores eléctricos que dejaron sin energía al resto de la nave. Debido a que este crucero poseía un centro de gravedad elevado, se inclinó hacia estribor. La tripulación luchó por soltar las balsas, finalmente el crucero se hundió en escasos doce minutos, en ese momento más de 300 marinos habían perecido ahogados o muertos por el impacto de los torpedos.
Lucha por la supervivencia y juicio
De los 1196 oficiales y demás tripulantes, unos 880 lograron lanzarse con vida al mar. Comenzó entonces para ellos una de las más trágicas historias de naufragio. A primeras horas del amanecer del 31 de julio aparecieron los primeros tiburones (probablemente tiburones oceánicos de puntas blancas, y no tiburones tigre).[1] Durante cinco días, manteniéndose a flote en grupos separados, algunos utilizaron sólo con salvavidas individuales y otros balsas de goma que pudieron rescatar del naufragio. Los hombres trataban de sobrevivir al hambre, la sed, la insolación, las heridas y, sobre todo, al ataque de los tiburones. Muchos también murieron debido a las alucinaciones que la ingesta de agua salada les provocó, matando así a algunos de sus propios compañeros.

Inexplicablemente, el mando naval norteamericano en Filipinas no se percató de la ausencia del Indianápolis, que debería haber arribado al Golfo de Leyte el 31 de julio. No fue sino hasta la mañana del 2 de agosto que los náufragos fueron descubiertos, de casualidad pues nadie los buscaba, por un hidroavión Ventura PV-1 de reconocimiento en patrullaje antisubmarino. Inmediatamente comunicó a su base «muchos hombres en el agua», radió su posición y se alejó por falta de combustible. Un hidroavión Consolidated PBY Catalina fue enviado, y al ver los tiburones atacando se arriesgó y amerizó, logrando extraer del mar a 56 marinos. El destructor USS Cecil Doyle fue el primer buque que, ya de noche, arribó a la escena. Se contaron 316 sobrevivientes en total, entre ellos, el Capitán McVay. Para entonces las pérdidas eran de 883 hombres de mar, de los cuales, casi la mitad había sido pasto de los tiburones.

Evadiendo sus responsabilidades, el alto mando naval norteamericano utilizó de chivo expiatorio al capitán McVay y le acusó de ser responsable de los hechos. Fue sometido a un consejo de guerra y encontrado culpable por no utilizar la técnica del zig-zag al navegar hacia Leyte. Atestiguó además Mochitsura Hashimoto, el capitán del submarino japonés de Primera Clase, I-58 hecho prisionero, argumentando que el ataque estaba hecho bajo estado bélico, que él era el cazador y el crucero hundido, la presa. Además atestiguó que si hubiese descubierto que el USS Indianápolis hubiese venido en trayectoria de zig-zag, el resultado hubiera sido el mismo ya que habría empleado sus Kaitens.
Presionado moralmente por los hechos, McVay se suicidó en 1968. A propuesta del Congreso, el Presidente Bill Clinton firmó una ley en el año 2000 que exoneró de responsabilidades al Capt. McVay por el hundimiento del crucero a su mando.

Curiosidades:
La tragedia del Indianapolis fue citada en la película “Tiburón” de Steven Spielberg: uno de los protagonistas, veterano de guerra (encarnado por el actor Robert Shaw), develaba que había sido náufrago de dicho barco y que tenía fobia a los escualos.
Se hizo una película: “Mission of the shark: The saga of the U.S.S. Indianapolis” (traducido como “Indianápolis: Misión Suicida”, o como “Misión Tiburón”), dirigida en 1991 por Robert Iscove

Fuentes: Free Photo Data Bank y Wikipedia

En la firma del Tratado de Fontainebleau el 27 de octubre de 1807 entre Manuel Godoy, valido del rey español Carlos IV, y Napoleón Bonaparte, se acordaba la invasión militar conjunta de Portugal – aliada de Inglaterra – y, para ello, se permitiría el paso de las tropas francesas por territorio español… lo que sería el germen de la posterior invasión francesa de la Península Ibérica y de la Guerra de la Independencia.

En 1808 un contingente de 2.000 soldados francesas al mando del general D´Armagnac, atravesaba Roncesvalles y, tras una dura marcha y condiciones climatológicas adversas, el 8 de febrero llegaron a Pamplona para descansar y seguir luego camino hasta Portugal. Aunque en teoría, y según el Tratado firmado, eran aliados de los españoles, la población de Pamplona recelaba de aquella invasión pacífica y en la que, además, debían contribuir con el avituallamiento y alojamiento. Y estaban en lo cierto… D´Armagnac había recibido órdenes del mariscal Murat para tomar la Ciudadela.

Cuando D´Armagnac se entrevistó con el Marqués de Vallesantoro, Virrey y Capitán General de Navarra, para poder acantonar parte de su tropas, que ya llegaban a los 4.000 efectivos, dentro de la Ciudadela, le dio largas diciendo que para ello necesitaba la autorización desde Madrid. Visto que la diplomacia francesa no fue suficiente, D´Armagnac se decidió por la estrategia. Se reunió con el capitán Robert y planificaron el plan de ataque.

La noche del 15 al 16 de febrero, Robert y un grupo de 100 soldados, aparentemente desarmados, elegidos de entre lo mejor de las tropas francesas se dirigieron, como hacían todos los días, a recoger sus raciones de pan a las puertas de la Ciudadela. Aprovechando que la nevada caída había cuajado, la mitad de ellos comenzó un guerra de bolas de nieve. La guarnición que defendía la Ciudadela, un pequeño contingente de voluntarios poco dispuestos y menos preparados para las artes de la guerra, se mofaban de aquella inusual batalla; momento que aprovecharon el resto de franceses para desarmar a los defensores y tomar la Ciudadella sin un sólo disparo.

Bienvenidos al blog de Recon25… Hemos creado esta página con el nombre de “Historias de la Historia” y en ella van a poder encontrar, pues eso… Historias de la Historia. No nos vamos a centrar sólo en hechos de la Segunda Guerra Mundial, queremos que sea un blog de Historia, de toda ella. Algunos posts serán más “lights” que otros, que pueden resultar más guerrilleros, pero todos ellos serán de interés. Esperemos que disfruten de ellos. Y de nuevo, bienvenidos!