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El Gueto de Varsovia fue el más grande de todos los establecidos en la Europa ocupada por los nazis durante la II Guerra Mundial. En 1940 se cercó una extensión de poco más de 3 Km2 para recluir a la población judía de Varsovia y sus alrededores, unos 400.000. Fueron tres años de hambre, enfermedades, deportaciones al campo de exterminio de Treblinka… que culminaron con el levantamiento del gueto. En mayo de 1943, tras sofocar el levantamiento los nazis, el balance era desolador… más de 300.000 judíos habían muerto.

Gueto

Dentro del gueto de Varsovia el historiador judío Emanuel Ringelblum creó el grupo Oyneg Shabat (la alegría del día de descanso) formado por científicos, escritores, dibujantes, rabinos… con la única intención de contar el día a día en el gueto; una crónica de sociedad de la reclusión y las miserias sufridas para, una vez terminada la guerra, escribir un libro. Reunían la información que todos les proporcionaban y con ella elaboraban informes, ensayos, dibujos…. Además, uno de los deportados al campo de Chelmno,Yacob Grojanowski, consiguió escapar y regresó al gueto donde describió con todo detalle todas las atrocidades que había visto. Se elaboró un informe detallado y, a través de la resistencia polaca, se hizo llegar a Londres donde fue publicado como el informe Grojanowski. Aumentaban las deportaciones a los campos y la muerte, por enfermedades o hambre, se adueñaba del gueto… las expectativas de poder salir con vida de allí se iban diluyendo. Así que, se olvidaron del libro y decidieron esconder toda la documentación enterrándola en 3 latas de leche y 10 cajas metálicas por todo el gueto… el mundo debía conocer aquel horror. A fecha de hoy se han localizado las 10 cajas metálicas y 2 latas de leche.

lata

Tras el levantamiento del gueto, casi todos los miembros del grupo fueron asesinados, pero Ringelblum y su familia consiguieron escapar y estuvieron escondidos casi 2 años. Cuando fueron descubiertos por los miembros de la Gestapo, ejecutaron a toda la familia y… a la que les había dado cobijo.

 

 

 

Tras finalizar la Segunda Guerra Mundial, y durante tres años, los victoriosos aliados llevaron a cabo el mayor traslado forzoso de población: entre doce y catorce millones de personas de origen alemán residentes en los países ocupados de Europa del Este, fueron expulsados de sus hogares y obligados a instalarse en una Alemania en ruinas. Metidos en camiones o trenes de ganado, los mismos que se utilizaron para deportar a los judíos, sufrieron enfermedades, hambre y malos tratos… En otros casos, no fueron expulsados directamente sino que pasaron semanas y meses en campos de concentración -en algún lugar se aprovecharon los campos nazis-.

Sin título

En la Conferencia de Potsdam (1945) se reunieron Harry S. Truman, Winston Churchill -sustituido más tarde por Clement Attlee- y Josef Stalin para elaborar el tratado de paz y discutir los pormenores de la posguerra… y la hipócrita expulsión y migración forzosa. La propuesta partía de Stalin, que ya la había puesto en práctica anteriormente, pero fue apoyada por EEUU e Inglaterra; sólo Francia, que no participaba en la Conferencia, rechazó la propuesta. La medida se vendió como la única forma de prevenir la violencia sobre la minoría étnica alemana en los países ocupados (Polonia, Checoslovaquia, Hungría…) y la creación de Estados étnicamente homogéneos. Realmente fue una limpieza étnica.

En palabras de Churchill:

La expulsión es el método que, en la medida de nuestras posibilidades, será el más satisfactorio y duradero. No habrá mezcla de poblaciones que causen problemas eternamente […] Se hará una limpieza.

En la práctica, la medida adoptada en Potsdam sólo hacía que ratificar una política de hechos consumados que el Ejército Rojo había puesto en práctica en su avance hacia Alemania.

Si bien es cierto que algunos residentes en los países ocupados de origen alemán se aprovecharon de tal circunstancia durante la ocupación y de que, tras el fin de la guerra, hubo algunos casos aislados de venganzas entre la población civil, no se justifican las medidas adoptadas. La migración forzosa, que según la declaración de Potsdam, debía ser ordenada y humana, se convirtió en una crisis humanitaria… los refugiados llegaban con lo puesto a una Alemania devastada.

A finales de 1947, el Consejo de Control Aliado declaraba:

La oposición a todas las transferencias de población obligatorias futuras, en particular el traslado forzoso de personas de los lugares que han sido sus hogares durante generaciones.

 

 

 

Tras el desembarco de los Aliados en Normandía, a un grupo de soldados americanos se le encomienda una peligrosa misión: poner a salvo al soldado James Ryan, cuyos tres hermanos han muerto en la guerra… este era el argumento de la película Salvar al soldado Ryan de Steven Spielberg. La muerte de tres hermanos en la guerra, justificaba que el gobierno de los EEUU ordenase traer de vuelta a casa al cuarto hermano que también estaba en el frente. Y si esta fue la trágica historia de una familia que intervino en la Segunda Guerra Mundial, podemos darle la vuelta a la tortilla y encontrar a la familia más afortunada… los nueve hermanos británicos Windsor que participaron en la Segunda Guerra Mundial regresaron sanos y salvos.

Con 68 años, y con mucho tiempo libre tras jubilarse, Bob Windsor decidió investigar qué había sido de la extensa familia de su padre… eran 16 hermanos (13 hombres y 3 mujeres). Después de la guerra, los hermanos se habían desperdigado por el mundo y apenas tenían contacto entre ellos; consiguió localizar a su tío Wally Windsor -el único de los hermanos que todavía vivía- en Edmonton (Canadá) y cuando fue a visitarle se encontró con un anciano de 90 años con los primeros síntomas de Alzheimer, así que poco le pudo ayudar… pero antes de marcharse vio en la pared un certificado Guinness World Records  que acreditaba que los nueve hermanos Windsor tenían el récord de la mayor cantidad de hermanos que sirvieron en la Segunda Guerra Mundial.

Bob con el certificadoBob con el certificado

Este galardón le sirvió para descubrir que en 1940 se habían alistado en el ejército británico: Albert (41 años), Jim (37), Harry (35), Bill (33), Arthur (31) -padre de Bob-, Tom (30), Dick (27), Sid (23) y Wally (18)…  y todos sobrevivieron al conflicto. Pero aún hay más… los tres hermanos mayores – George, Charles y Albert – lucharon en la Primera Guerra Mundial. Charles murió en 1917, durante la ofensiva en Francia, y allí quedó enterrado. George y Alfred, los dos hermanos varones que no pudieron alistarse, estuvieron trabajando en una fábrica de municiones y dos de las hermanas –Violet y May– lo hicieron de enfermeras. Edward, había muerto en 1922 con 7 años.

Arthur
Albert
BillBill
HarryHarry
JimJim
TomTom
DickDick
SidSid
WallyWally

Fuentes e imágenes: Cambridge News, Daily Mail

Saludos

 

 

El 16 de noviembre de 1944, un bombardero B-24 de United States Army Air Forces (USAAF) se estrelló en la selva de Borneo después de haber sido derribado por los japoneses. Siete de los diez tripulantes del avión consiguieron saltar en paracaídas antes de que la aeronave se estrellase en medio de la selva. Habían salvado sus vidas… por ahora.

Tripulación del B-24 estrelladoTripulación del B-24 estrellado

Los supervivientes se reunieron y se alejaron de la zona del accidente para no ser localizados por las patrullas japonesas, pero fueron a topar con los Dayak -los indígenas de Borneo temidos por su antigua tradición de cortar las cabezas-. Al contrario de lo esperado, por las leyendas que circulaban en torno a los dayak, el encuentro fue amistoso y supuso la salvación de los estadounidenses. Los llevaron a su poblado donde les curaron las heridas y, lo más importante, los escondieron de las japoneses. Dos cuestiones jugaron a favor de los estadaunidenses: el hecho de que la antigua constumbre de cortar cabezas había sido abandonada tras el paso por la isla de los misioneros cristianos y la evangelización de los dayak, y la enemistad de éstos con los japoneses por someterlos y haber masacrado a los misioneros. Durante varios meses estuvieron conviviendo con los dayak hasta que…

Practicando con las cerbatanas de los dayakPracticando con las cerbatanas de los dayak

El 25 de marzo de 1945, Tom Harrisson, antropólogo y comandante del ejército británico, y 7 australianos miembros de la Z Special Unit -unidad del cuerpo Special Operations Australia (SOA), creado para operar detrás de las líneas japonesas en el sudeste asiático- fueron lanzados en paracaídas sobre la isla con la misión de rescatar a los pilotos caídos y levantar a los dayak contra los japoneses. La Unidad consiguió contactar con los indígenas y preparó la huida de la isla. Mientras se estudiaba el plan de evacuación, Harrison consiguió convencer a los dayaks para que dejasen a un lado su resistencia pasiva frente a los japoneses y se enfrentasen a ellos en una guerra de guerrillas en la selva… además de recuperar la costumbre de cortar cabezas. Se convirtieron en una pesadilla para los japoneses.

Finalmente, y con ayuda de los dayak, se limpió una zona llana de la tupida selva e hicieron una pista de aterrizaje con bambú para darle consistencia y que una pequeña aeronave pudiese aterrizar. En junio de 1945, tras siete meses en la isla, los pilotos estadounidenses salían de la isla.

Dayak en 1945Dayak en 1945

Fuentes e imágenes: Lost in Borneo, The Airmen and the Headhunters

No seré yo quien se queje de nuestro servicio de Correos, pero nada comparable al United States Postal Service (USPS)… hace un siglo.

En 1913,  en EEUU se ponía en marcha el Servicio Postal. Los envíos de paquetes  mediante este servicio comenzaron a popularizarse y ello permitió estimular la economía rural, gracias a que los pequeños agricultores y comerciantes estadounidenses podían vender sus productos en cualquier punto del país –venta puerta a puerta sin moverse de casa– y a unos precios muy competitivos. Igualmente, ellos podían adquirir medicinas y otros productos de difícil acceso… Hecha la ley, hecha la trampa. Vernal, una pequeña población perdida en Utah, estaba experimentado un rápido crecimiento y William H. Coltharp, un hombre de negocios, decidió que ya era hora de que su pueblo tuviese un edificio de ladrillo en el que, además, se abriría un banco. El problema era que la fábrica de ladrillos más cercana estaba en Salt Lake City, a casi 200 Km. de Vernal, y el transporte tradicional habría multiplicado por cuatro el precio de los ladrillos.

Vernal Utah Freight Wagon

William H. Coltharp, tirando de ingenio y sabiendo que los precios de los paquetes postales eran muy bajos para promocionar el servicio, hizo números para ver si le salían las cuentas utilizando el Servicio Postal para trasladar los 80.000 ladrillos que necesitaba para construir el edificio; respetando las normas del servicio -los ladrillos debían estar perfectamente embalados en cajas que no superasen las 50 libras (22,5 kg)- suponía enviar 40 cajas al día… los números cuadraban. Pero los ladrillos no recorrieron solamente los 200 Km, sino 640 Km. en tren, con varios trasbordos, siguiendo la línea establecida por el Servicio Postal. Los carteros que sufrieron aquel suplicio, elevaron sus quejas ante el Director General, Albert S. Burleson. Éste, comprendió que los envíos de este tipo podían colapsar el servicio y, aunque permitió que se completasen todos los envíos de ladrillos, se modificaron las normas limitando los envíos a 90 Kg. por remitente y día.

No es la intención del Servicio Postal de Estados Unidos que los edificios sean enviados por correos.

William H. Coltharp había enviado un edificio por correo. El banco se completó al año siguiente y fue apodado “The Parcel Post Bank” por los lugareños. El edificio aún existe y sigue albergando un banco.

Zions Parcel Post Bank Vernal Zions Parcel Post Bank Vernal

Como he dicho antes, mediante este servicio se mandaban  frutas, mantequilla, verduras, pollitos… pero hay constancia de que también se llegaron a enviar dos niños por Servicio Postal. El 19 de febrero de 1914, según el National Postal Museum, uno de los paquetes más extraños fue el enviado en Idaho, de Grangeville a Lewiston, de 21,8 Kg… una niña de 4 años llamada May Pierstorff. Los padres de la niña decidieron enviarla con sus abuelos pero les parecía muy caro el billete del tren y, aprovechando una laguna en en la normativa del Servicio Postal, pagaron 53 centavos en sellos -pegados en su ropa- y la enviaron por correo. La niña viajó en el mismo tren pero en el vagón del correo y fue entregada en la casa de sus abuelos por un cartero llamado Leonard Mochel.

Otra vez tuvo que intervenir el Director General de Correos y, ahora, prohibir el envío de niños por correo.

(Nota: la foto no corresponde al envío de  May pero es representativa del artículo)

cartero niños

 

He estado varias veces en Normandía, además de que sea un apasionado del tema bélico, casualmente, motivos familiares me reclamaban por allí. Una mañana decidimos acercarnos al cementerio alemán de La Cambe.

Ajusto el GPS, le digo a dónde quiero ir y me pongo en camino. En realidad es muy fácil, queda a un lado de la autopista que une Caén y París.

Antes de llegar por una carretera secundaria ya percibimos que hasta los árboles parecen estar tristes. Algo se percibe en el ambiente y es que casi 22.000 personas enterradas en un mismo sitio tienen que marcar de alguna manera.

Al llegar al aparcamiento vemos varios coches alemanes aparcados y algunos grupos familiares, abuelos, nietos, padres, por los alrededores. El silencio es impresionante. Tan solo se oyen los pájaros, y tampoco demasiado.

El cementerio de La Cambe contiene los restos, como he dicho antes, de casi 22.000 alemanes caídos en Normandía. La mayoría de ellos el día D. Antes de que se inaugurara el cementerio, en 1961 estaban enterrados en pequeños cementerios y algunos ni eso, en el lugar dónde cayeron.

Junto al cementerio hay una pequeña exposición en la que se exponen algunos objetos personales de los soldados alemanes, como diarios, documentación asi como fotografías de antiguos enterramientos antes de que se inaugurara este. Por supuesto no se ve por ningún lado ninguna imagen o símbolo que recuerde al nazionalsocialismo. Muchos de los aqui enterrados pertenecieron a las SS pero tampoco hay nada que lo indique.

Las fotos estan tomadas por mi. El día era gris y amenazaba tormenta, cosa que ocurrió, con abundante aparato eléctrico.

Entrada al cementerio:

Llama la atención el perfecto estado de conservación de las instalaciones. Todo impecable.

Placa en la entrada.

 

Visión general del cementerio

 

Algunas tumbas tenían flores frescas.

 

Túmulo central.

 

Otra vista.

 

En esta tumba podemos ver que hay un soldado al que no se ha podido identificar y otro que tenía 19 años el día que murió.

 

Cuando terminamos la visita una fuerte tormenta caía sobre el cementerio. El aparato eléctrico era impresionante, lo cual hacía que la visita fuera aun más especial.
Como he dicho al principio del hilo, 22.000 almas ahí enterradas tienen que marcar de alguna manera.

En la firma del Tratado de Fontainebleau el 27 de octubre de 1807 entre Manuel Godoy, valido del rey español Carlos IV, y Napoleón Bonaparte, se acordaba la invasión militar conjunta de Portugal – aliada de Inglaterra – y, para ello, se permitiría el paso de las tropas francesas por territorio español… lo que sería el germen de la posterior invasión francesa de la Península Ibérica y de la Guerra de la Independencia.

En 1808 un contingente de 2.000 soldados francesas al mando del general D´Armagnac, atravesaba Roncesvalles y, tras una dura marcha y condiciones climatológicas adversas, el 8 de febrero llegaron a Pamplona para descansar y seguir luego camino hasta Portugal. Aunque en teoría, y según el Tratado firmado, eran aliados de los españoles, la población de Pamplona recelaba de aquella invasión pacífica y en la que, además, debían contribuir con el avituallamiento y alojamiento. Y estaban en lo cierto… D´Armagnac había recibido órdenes del mariscal Murat para tomar la Ciudadela.

Cuando D´Armagnac se entrevistó con el Marqués de Vallesantoro, Virrey y Capitán General de Navarra, para poder acantonar parte de su tropas, que ya llegaban a los 4.000 efectivos, dentro de la Ciudadela, le dio largas diciendo que para ello necesitaba la autorización desde Madrid. Visto que la diplomacia francesa no fue suficiente, D´Armagnac se decidió por la estrategia. Se reunió con el capitán Robert y planificaron el plan de ataque.

La noche del 15 al 16 de febrero, Robert y un grupo de 100 soldados, aparentemente desarmados, elegidos de entre lo mejor de las tropas francesas se dirigieron, como hacían todos los días, a recoger sus raciones de pan a las puertas de la Ciudadela. Aprovechando que la nevada caída había cuajado, la mitad de ellos comenzó un guerra de bolas de nieve. La guarnición que defendía la Ciudadela, un pequeño contingente de voluntarios poco dispuestos y menos preparados para las artes de la guerra, se mofaban de aquella inusual batalla; momento que aprovecharon el resto de franceses para desarmar a los defensores y tomar la Ciudadella sin un sólo disparo.