Monthly Archives: February 2013

USS Indianapoles at Pearl Harbour

El USS Indianapolis fue un crucero pesado de clase Portland perteneciente a la Armada de los Estados Unidos, con numeral identificador CA-35. Fue buque insignia del almirante Raymond Spruance desde 1943 a 1944, pero es famoso porque fue el buque que transportó desde América el material fisionable para ensamblar la primera bomba atómica lanzada luego contra Hiroshima. También es conocido por ser el penúltimo barco estadounidense en ser hundido durante la Segunda Guerra Mundial (el último fue el submarino USS Bullhead) y por el trágico final de muchos de sus náufragos, que quedaron a la deriva, olvidados por la armada norteamericana, sin agua potable y atacados y devorados por tiburones.

Su vínculo atómico

El 16 de julio de 1945, cuando a 85 km de Alamogordo (Nuevo México) se experimentaba la primera prueba (Trinity) de bomba atómica, el crucero USS Indianápolis estaba atracado en los muelles de San Francisco (California). El Indianápolis era el buque insignia de la 5ª Flota Naval de Estados Unidos y se reparaba de los destrozos que le había causado un avión japonés kamikaze, el 31 de marzo de ese año en aguas del Pacífico. Este crucero fue elegido por el solo criterio de estar disponible para un paso crucial del proyecto Manhattan. En efecto, el USS Indianapolis no era el más rápido, ni el mejor armado, adolecía de defectos estructurales tales como tener el centro de gravedad demasiado elevado y una tripulación relativamente novata.

El mismo 16 de julio, el crucero fue rodeado por agentes y policía militar, y misteriosos contenedores de plomo se colocaron en el hangar del buque. Se apostaron guardias en las entradas del hangar con instrucciones expresas de tirar a matar a cualquiera que entrase al hangar sin autorización. Los tripulantes, incluyendo a su Capitán Charles Butler McVay III, desconocían que la carga supersecreta consistía en Uranio-235 y otros componentes y que estaba vinculada al proyecto Manhattan. Charles Butler McVay III estaba al mando del USS Indianápolis desde noviembre de 1944. Tanto McVay como los tripulantes ignoraban que con la misteriosa carga transportada se armarían las dos bombas atómicas que el 6 y 9 de agosto de ese año serían lanzadas sobre blancos seleccionados en Japón. Los disparadores y otros elementos se transportarían por aire.
La misión del capitán McVay y su barco consistía en trasladar la carga a las bases aéreas norteamericanas cerca de Japón (específicamente en Tinian) a la máxima velocidad y sin escolta. No se debían hacer preguntas sobre la naturaleza de la carga y se instruyó a la tripulación de que no se acercaran a la zona de hangar bajo pena de muerte en el acto o consejo de guerra. El capitán McVay fue instruido de que en caso de hundimiento en aguas seguras, la carga era prioritaria sobre la vida de los marinos, y si el siniestro era en aguas hostiles, la carga debía arrojarse por la borda hacia los abismos, antes que cualquier balsa de salvamento.
En sólo diez días el crucero navegó 5.300 millas náuticas al oeste hasta el atolón de Tinian, base de operaciones de los bombarderos Boeing B-29 Superfortress, el Indianápolis rompió un récord de velocidad para ese tipo de navío: solo repostó lo justo y necesario en Pearl Harbor. Allí depositó su mortífera carga el 26 de julio de 1945; sólo estuvo el tiempo necesario para descargar lo transportado. El alto mando no informó por los conductos regulares del mando central de las actividades de esta unidad por motivos de seguridad, por lo que se ignoraba que el crucero USS Indianápolis estuviese en el área de Guam.

Destino final.
Cumplida esta misión, el 29 de julio, el barco se dirigió a Guam, 100 millas al sur. De allí partió el 30 de julio hacia el Golfo de Leyte, en las Filipinas, para unirse al USS Idaho y realizar tareas de entrenamiento previo a la ya concebida invasión de Japón. Al recibir la orden de partida, el Capitán McVay solicitó una escolta naval para el tránsito por aguas tradicionalmente peligrosas. Pero ésta se le negó argumentando que las aguas desde Guam hasta las Filipinas ya estaban limpias de barcos de guerra japoneses.
El USS Indianápolis navegaba en solitario por la ruta señalada en zig zag antisubmarino. Hacia el atardecer del 30 de julio, McVay ordenó abandonar el zig zag para ahorrar tiempo de desplazamiento. Poco después de la medianoche, fue percibido por un submarino japonés de Primera Clase, el I-58 comandado por el capitán Mochitsura Hashimoto, quien esperó que la silueta identificada como un crucero enemigo estuviera a no menos de 600 metros, ya que no quería fallar. Minutos después de la medianoche el crucero recibió dos impactos de torpedo que sorpresivamente le lanzó el submarino I-58 comandado por Mochitsura Hashimoto. El primer torpedo dio a proa y prácticamente desintegró esta sección, y el segundo torpedo dio en los generadores eléctricos que dejaron sin energía al resto de la nave. Debido a que este crucero poseía un centro de gravedad elevado, se inclinó hacia estribor. La tripulación luchó por soltar las balsas, finalmente el crucero se hundió en escasos doce minutos, en ese momento más de 300 marinos habían perecido ahogados o muertos por el impacto de los torpedos.
Lucha por la supervivencia y juicio
De los 1196 oficiales y demás tripulantes, unos 880 lograron lanzarse con vida al mar. Comenzó entonces para ellos una de las más trágicas historias de naufragio. A primeras horas del amanecer del 31 de julio aparecieron los primeros tiburones (probablemente tiburones oceánicos de puntas blancas, y no tiburones tigre).[1] Durante cinco días, manteniéndose a flote en grupos separados, algunos utilizaron sólo con salvavidas individuales y otros balsas de goma que pudieron rescatar del naufragio. Los hombres trataban de sobrevivir al hambre, la sed, la insolación, las heridas y, sobre todo, al ataque de los tiburones. Muchos también murieron debido a las alucinaciones que la ingesta de agua salada les provocó, matando así a algunos de sus propios compañeros.

Inexplicablemente, el mando naval norteamericano en Filipinas no se percató de la ausencia del Indianápolis, que debería haber arribado al Golfo de Leyte el 31 de julio. No fue sino hasta la mañana del 2 de agosto que los náufragos fueron descubiertos, de casualidad pues nadie los buscaba, por un hidroavión Ventura PV-1 de reconocimiento en patrullaje antisubmarino. Inmediatamente comunicó a su base «muchos hombres en el agua», radió su posición y se alejó por falta de combustible. Un hidroavión Consolidated PBY Catalina fue enviado, y al ver los tiburones atacando se arriesgó y amerizó, logrando extraer del mar a 56 marinos. El destructor USS Cecil Doyle fue el primer buque que, ya de noche, arribó a la escena. Se contaron 316 sobrevivientes en total, entre ellos, el Capitán McVay. Para entonces las pérdidas eran de 883 hombres de mar, de los cuales, casi la mitad había sido pasto de los tiburones.

Evadiendo sus responsabilidades, el alto mando naval norteamericano utilizó de chivo expiatorio al capitán McVay y le acusó de ser responsable de los hechos. Fue sometido a un consejo de guerra y encontrado culpable por no utilizar la técnica del zig-zag al navegar hacia Leyte. Atestiguó además Mochitsura Hashimoto, el capitán del submarino japonés de Primera Clase, I-58 hecho prisionero, argumentando que el ataque estaba hecho bajo estado bélico, que él era el cazador y el crucero hundido, la presa. Además atestiguó que si hubiese descubierto que el USS Indianápolis hubiese venido en trayectoria de zig-zag, el resultado hubiera sido el mismo ya que habría empleado sus Kaitens.
Presionado moralmente por los hechos, McVay se suicidó en 1968. A propuesta del Congreso, el Presidente Bill Clinton firmó una ley en el año 2000 que exoneró de responsabilidades al Capt. McVay por el hundimiento del crucero a su mando.

Curiosidades:
La tragedia del Indianapolis fue citada en la película “Tiburón” de Steven Spielberg: uno de los protagonistas, veterano de guerra (encarnado por el actor Robert Shaw), develaba que había sido náufrago de dicho barco y que tenía fobia a los escualos.
Se hizo una película: “Mission of the shark: The saga of the U.S.S. Indianapolis” (traducido como “Indianápolis: Misión Suicida”, o como “Misión Tiburón”), dirigida en 1991 por Robert Iscove

Fuentes: Free Photo Data Bank y Wikipedia

 

Tras el desembarco de los Aliados en Normandía, a un grupo de soldados americanos se le encomienda una peligrosa misión: poner a salvo al soldado James Ryan, cuyos tres hermanos han muerto en la guerra… este era el argumento de la película Salvar al soldado Ryan de Steven Spielberg. La muerte de tres hermanos en la guerra, justificaba que el gobierno de los EEUU ordenase traer de vuelta a casa al cuarto hermano que también estaba en el frente. Y si esta fue la trágica historia de una familia que intervino en la Segunda Guerra Mundial, podemos darle la vuelta a la tortilla y encontrar a la familia más afortunada… los nueve hermanos británicos Windsor que participaron en la Segunda Guerra Mundial regresaron sanos y salvos.

Con 68 años, y con mucho tiempo libre tras jubilarse, Bob Windsor decidió investigar qué había sido de la extensa familia de su padre… eran 16 hermanos (13 hombres y 3 mujeres). Después de la guerra, los hermanos se habían desperdigado por el mundo y apenas tenían contacto entre ellos; consiguió localizar a su tío Wally Windsor -el único de los hermanos que todavía vivía- en Edmonton (Canadá) y cuando fue a visitarle se encontró con un anciano de 90 años con los primeros síntomas de Alzheimer, así que poco le pudo ayudar… pero antes de marcharse vio en la pared un certificado Guinness World Records  que acreditaba que los nueve hermanos Windsor tenían el récord de la mayor cantidad de hermanos que sirvieron en la Segunda Guerra Mundial.

Bob con el certificadoBob con el certificado

Este galardón le sirvió para descubrir que en 1940 se habían alistado en el ejército británico: Albert (41 años), Jim (37), Harry (35), Bill (33), Arthur (31) -padre de Bob-, Tom (30), Dick (27), Sid (23) y Wally (18)…  y todos sobrevivieron al conflicto. Pero aún hay más… los tres hermanos mayores – George, Charles y Albert – lucharon en la Primera Guerra Mundial. Charles murió en 1917, durante la ofensiva en Francia, y allí quedó enterrado. George y Alfred, los dos hermanos varones que no pudieron alistarse, estuvieron trabajando en una fábrica de municiones y dos de las hermanas –Violet y May– lo hicieron de enfermeras. Edward, había muerto en 1922 con 7 años.

Arthur
Albert
BillBill
HarryHarry
JimJim
TomTom
DickDick
SidSid
WallyWally

Fuentes e imágenes: Cambridge News, Daily Mail

Saludos

 

Pintura de Augusto Ferrer Dalmau

La Division Azul en combate – Pintura de Augusto Ferrer Dalmau

El pasado día 10 de febrero se cumplieron los 70 años de la batalla más dura librada por los españoles voluntarios de la llamada Division Azul. Desde aquellas lejanas fechas, ese día se pasó a llamar el “miércoles negro”, debido a las altísimas pérdidas sufridas por la división, que llegaron al 70% de los hombres metidos en la batalla…
Situación inicial

Situación inicial


Encuadrada como parte de la llamada Operación Estrella Polar (Polyarnaya Zvezda en ruso), ideada por Zhukov y destinada a embolsar parte de los ejércitos alemanes que asediaban Leningrado y forzar al levantamiento del cerco, la batalla comenzó con la mayor preparación artillera hasta la fecha. Como dice en su libro sobre la División Azul, División 250, Tomás Salvador, “Ya está el jaleo…” “La preparación artillera duró tres horas. Tres horas imposibles. Parecía mentira que se pudiera mantener aquella intesinsidad de fuego… Las bajas eran muy crecidas. Las trincheras estaban siendo removidas de arriba abajo. La capa de nieve había desaparaecido, manchada por las explosiones y mezclada de arriba abajo con la tierra helada”.
Al cabo de dos horas, aparece la aviación soviética, la “parrala” como la llamaban los soldados, porque porque no sabían por donde aparecería, al tiempo que se alarga el tiro de la artillería por detrás de las líneas españolas. Esto no podía significar sino que entraba en juego el asalto. Y así fue, un total de más de 44.000 soldados se lanzan al asalto de las posiciones, apoyados por carros de combate KV1 y T34, anticarros y varias brigadas mecanizadas y de esquiadores. En este momento de la batalla, las compañías españolas tenían ya una media del 50 % de bajas, pero se agarraban a sus posiciones, y no tenían pensado huir. Se les había pedido resistir hasta el último hombre y una orden así, cualquier otro regimiento la hubiese desobedecido, pero no uno formado por infantes españoles… con ellos topó el plan del mariscal Zhukov y ellos lo hicieron fracasar.
Ataques rusos y reacción española

Ataques rusos y reacción española


Reorganizados a toda prisa, los puntos de resistencia no dejaban de disparar sobre la masa de soldados rusos, como relata el libro más arriba citado, ó las memorias del capitán Palacios ó las del sargento Angel Salamanca, los cañones de las MG’s estaban al rojo, la artillería española llegaba a disparar a punto cero y cuando las posiciones cayeron, hasta el comandante Reinlein hizo de infante en terribles luchas cuerpo a cuerpo. Ese fue el principal error de los soviéticos, querer acabar con los puntos de resistencia españoles en vez de tratar de esquivarlos y profundizar las brechas abiertas. Los actos de heroísmo numantino se repitieron a lo largo de toda la línea: La compañía del capitán Oroquieta quedó aniquilada; la del Capitán Palacios, casi; la del Capitán Huidobro fue arrasada, mientras él les animada a voces, gritándo a sus guripas, como se autodenominaban los soldados, “¡Esto no es nada!¡Somos españoles!”. El Capitán Losada llegó a pedir a la artillería propia “Fuego sobre mi posición”, el cabo Ponte Anido, con la Cruz Laureada ese día, con el cuerpo acribillado, agarró una mina antitanque y se abalanzó contra un carro que disparaba contra el hospital español atiborrado de heridos…
Capitán Huidobro

Capitán Huidobro

Capitán Urbano- Con dos insiginas de carros destruidos "a mano" en Krasny Bor

Capitán Urbano- Con dos insiginas de carros destruidos “a mano” en Krasny Bor


Las posiciones quedaron rodeadas, aisladas y machacadas, pero seguían frenando el avance soviético y, enterados del “jaleo” que tenían sus camaradas, muchos de los soldados que estaban en la estación de tren, 20 kilómetros más atrás, a punto de volver a España, volvieron para defender los enormes huecos que había en la línea. Los alemanes, sorprendidos por la violencia de la ofensiva soviética, no acudieron a ayudar a los españoles. Seguramente pensaron que aquella locomotora de Zhukov se había llevado por delante a los pobres diablos kameraden del sur y que sería mejor reorganizar las líneas.. pero para su sorpresa y sobretodo, para la de los mandos soviéticos, los guripas habían resistido, aun a pesar de haber perdido el pueblo de Krasny Bor, habían conseguido que los rusos, sólo avanzaran tres kilómetros, que fracasara la operación entera y que el frente se estabilizara por otro año más.
Ultimos combates

Ultimos combates


Pero esta victoria, como escribí más arriba, no salió gratis: En menos de 24 horas, los guripas sufrieron un total de 2.252 bajas; 1.127 muertos, 91 desaparecidos y 1.035 heridos. Además unos 300 españoles, casi todos heridos, cayeron prisioneros y no regresaron, los que lo hicieron, hasta el año 1954 a bordo del barco Semiramis. Los soviéticos perdieron unos 11.000 hombres… como cuenta Angel Salamanca, le llevaron prisionero y fue interrogado por un español republicano al servicio del Ejército Rojo y que “todo el afán del coronel ruso era saber qué armamento usábamos, hablándonos incluso de un arma secreta de Hitler. «Dice el coronel que habéis causado más de 11.000 bajas, y eso es imposible con ametralladoras y fusiles maúser corrientes»”, como dice el historiador y periodista Fernando Díaz Villanueva, “el arma secreta y, más que milagrosa, correosa, eran los divisionarios, hijos de la lejana España, herederos de una tradición milenaria que se cifra en resistir lo que haga falta a cualquier precio, con razón o sin ella, en Rusia o en Sierra Morena.” Lejos de querer entrar en disquisiciones sobre los porqués, los motivos, las razones que llevaron a miles de compatriotas a enzarzarse en una lucha brutal, y mucho menos reducirlos a discusiones políticas o revisiones históricas, queremos tan sólo reflejar, muy por encima, los hechos que allí acaecieron y que tuvieron como protagonistas a unos hombres que firmaron una de las más brillantes páginas de nuestra reciente historia militar.

Mapas de la obra “Morir en Rusia” de Carlos Caballero Jurado
Otra obra interesantes, además de las citadas, “Los Combates de Krasny Bor” del general Salvador Fontenla
Por último, les paso este link a Google Earth, con un estudio interesante sobre la División Azul. Proyecto Division Azul

 

El 16 de noviembre de 1944, un bombardero B-24 de United States Army Air Forces (USAAF) se estrelló en la selva de Borneo después de haber sido derribado por los japoneses. Siete de los diez tripulantes del avión consiguieron saltar en paracaídas antes de que la aeronave se estrellase en medio de la selva. Habían salvado sus vidas… por ahora.

Tripulación del B-24 estrelladoTripulación del B-24 estrellado

Los supervivientes se reunieron y se alejaron de la zona del accidente para no ser localizados por las patrullas japonesas, pero fueron a topar con los Dayak -los indígenas de Borneo temidos por su antigua tradición de cortar las cabezas-. Al contrario de lo esperado, por las leyendas que circulaban en torno a los dayak, el encuentro fue amistoso y supuso la salvación de los estadounidenses. Los llevaron a su poblado donde les curaron las heridas y, lo más importante, los escondieron de las japoneses. Dos cuestiones jugaron a favor de los estadaunidenses: el hecho de que la antigua constumbre de cortar cabezas había sido abandonada tras el paso por la isla de los misioneros cristianos y la evangelización de los dayak, y la enemistad de éstos con los japoneses por someterlos y haber masacrado a los misioneros. Durante varios meses estuvieron conviviendo con los dayak hasta que…

Practicando con las cerbatanas de los dayakPracticando con las cerbatanas de los dayak

El 25 de marzo de 1945, Tom Harrisson, antropólogo y comandante del ejército británico, y 7 australianos miembros de la Z Special Unit -unidad del cuerpo Special Operations Australia (SOA), creado para operar detrás de las líneas japonesas en el sudeste asiático- fueron lanzados en paracaídas sobre la isla con la misión de rescatar a los pilotos caídos y levantar a los dayak contra los japoneses. La Unidad consiguió contactar con los indígenas y preparó la huida de la isla. Mientras se estudiaba el plan de evacuación, Harrison consiguió convencer a los dayaks para que dejasen a un lado su resistencia pasiva frente a los japoneses y se enfrentasen a ellos en una guerra de guerrillas en la selva… además de recuperar la costumbre de cortar cabezas. Se convirtieron en una pesadilla para los japoneses.

Finalmente, y con ayuda de los dayak, se limpió una zona llana de la tupida selva e hicieron una pista de aterrizaje con bambú para darle consistencia y que una pequeña aeronave pudiese aterrizar. En junio de 1945, tras siete meses en la isla, los pilotos estadounidenses salían de la isla.

Dayak en 1945Dayak en 1945

Fuentes e imágenes: Lost in Borneo, The Airmen and the Headhunters